El Sacramento de la

UNCION DE LOS ENFERMOS

Pocas personas se ven libres de alguna enfermedad y todos sabemos que algún día vamos a morir. Pero, desde nuestra fe, sabemos que podemos caminar confiados: la enfermedad se puede soportar con paciencia y la muerte se puede “vivir” en la esperanza.

Para que eso sea realidad, Cristo mismo nos conforta en la enfermedad con la UNCIÓN DE LOS ENFERMOS.

La Unción de los enfermos

En el nombre del Señor  

 

Enseñan los evangelios que el poder de Cristo se manifestó librando a muchos del mal físico (en algunos casos), pero sobre todo para librarnos a todos del pecado.

  En este sentido es que la Iglesia continúa celebrando el SACRAMENTO DE SANACIÓN FÍSICA Y ESPIRITUAL. Lo mismo que hizo Cristo (¡tantas veces!), lo realizaron los apóstoles, y ahora lo hacen los sacerdotes que “UNGEN” con el “ÓLEO DE LOS ENFERMOS”, En el nombre del Señor.

  Por este Sacramento, el cristiano enfermo es confortado en su enfermedad por pura bondad de la Gracia de Cristo.

“Este Sacramento otorga al enfermo la gracia del Espíritu Santo, con la cual el hombre entero es ayudado en su salud, confortado por la confianza en Dios y robustecido contra las tentaciones del enemigo y la angustia de la muerte, de tal modo que pueda soportar no solo  sus males con fortaleza, sino también luchar contra ellos e, incluso, conseguir la salud si conviene para su salvación espiritual”

(Del ritual de la Unción)

¿Cuándo se recibe este Sacramento?

ü     Cuando tenemos una enfermedad seria ya sea que ponga en peligro nuestra vida o sea difícil de sobrellevar.

ü     Cuando (habiendo recibido ya el Sacramento) se vuelva a enfermar.

ü     Si una misma enfermedad se agrava.

ü     Antes de una operación importante.

ü     Cuando hay edad avanzada y las fuerzas se debilitan.

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS ES UN SACRAMENTO OPTIMISMA, NO HAY QUE PENSAR QUE ES SOLO PARA LOS CASOS EXTREMOS (Sería entenderlo mal). Debemos despojarnos, frente al Sacramento, de todo temor.

¿Cómo se celebra?

ü     El sacerdote impone las manos (como hacia Jesús con los enfermos)

ü     Se proclama la oración de la Fe de la Iglesia.

ü     Se unge a los enfermos o ancianos con el óleo santificado por la bendición de Dios.

ü     (En la frente) “Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén”

ü     (En las manos) “Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación, y te conforte en la enfermedad. Amén.”

¿Cuáles son sus efectos?

a)     La unión del enfermo a la pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia.

b)    El consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez.

c)      El perdón de los pecados si el enfermo no ha podido confesarse.

d)    El restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual.

e)     La preparación para el encuentro con Dios en la Vida Eterna en caso de que se fallezca.

Salud y “Sanadores”

Cuando Jesús curaba, tenía en cuenta la fe de la gente (Lc. 4,40), también lo hacía para recordarnos el Reino de Dios (Mt. 11,2-6), y además siempre ponía como condición el pedir perdón por los pecados (Mt. 18,8-9).

El que “CURA” siempre es Cristo. Nadie es por sí solo un “curador”, un “milagrero” o un “sanador”. Esta gente engaña al pueblo y mal interpreta el modo de actuar de Jesús.

Jesús no curó  todos los enfermos de su época. Tampoco lo hace hoy. Jesús le da sentido al sufrimiento y a la muerte. Nos acompaña y nos robustece para que podamos vivir como Él sin desalentarnos, ni impacientarnos; y así alcanzar la Vida Eterna. Nos hace caminar en la Esperanza.

El “Viático” de los enfermos

Los enfermos graves (antes de pasar de este mundo a la Vida Eterna), reciben la Eucaristía, el Pan de la Vida Eterna.

La Comunión al enfermo se llama “Viático”, porque el cuerpo de Cristo es su alimento en el camino hacia la eternidad.

La muerte del cristiano

ü     El cristiano se diferencia del que no tiene Fe o no la practica, por muchas cosas: una muy importante es en la manera de encarar la muerte.

ü     La muerte es el paso a la Vida Definitiva: es el principio de la NUEVA VIDA que comenzó en nosotros el SACRAMENTO DEL BAUTISMO.

ü     La victoria de Cristo resucitado lleva, al que cree en Él, a vivir siempre en la esperanza de triunfar con Él y por eso a morir en paz.

+ Monseñor Fernando C. Maletti

Obispo de S. C. de Bariloche