El
Sacramento de la
UNCION
DE LOS ENFERMOS
Pocas
personas se ven libres de alguna enfermedad y todos sabemos que algún día
vamos a morir. Pero, desde nuestra fe, sabemos que podemos caminar confiados: la
enfermedad se puede soportar con paciencia y la muerte se puede “vivir” en
la esperanza.
Para
que eso sea realidad, Cristo mismo nos conforta en la enfermedad con la UNCIÓN
DE LOS ENFERMOS.
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La Unción de los enfermosEn
el nombre del Señor
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Enseñan
los evangelios que el poder de Cristo se manifestó librando a muchos del mal físico
(en algunos casos), pero sobre todo para librarnos a todos del pecado.
“Este
Sacramento otorga al enfermo la gracia del Espíritu Santo, con la cual el
hombre entero es ayudado en su salud, confortado por la confianza en Dios y
robustecido contra las tentaciones del enemigo y la angustia de la muerte, de
tal modo que pueda soportar no solo sus
males con fortaleza, sino también luchar contra ellos e, incluso, conseguir la
salud si conviene para su salvación espiritual”
(Del
ritual de la Unción)
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Cuando tenemos una
enfermedad seria ya sea que ponga en peligro nuestra vida o sea difícil de
sobrellevar.
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Cuando (habiendo
recibido ya el Sacramento) se vuelva a enfermar.
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Si una misma
enfermedad se agrava.
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Antes de una operación
importante.
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Cuando hay edad
avanzada y las fuerzas se debilitan.
LA
UNCIÓN DE LOS ENFERMOS ES UN SACRAMENTO OPTIMISMA, NO HAY QUE PENSAR QUE ES
SOLO PARA LOS CASOS EXTREMOS (Sería
entenderlo mal). Debemos despojarnos, frente al Sacramento, de todo temor.
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El sacerdote impone
las manos (como hacia Jesús con los enfermos)
ü
Se proclama la oración
de la Fe de la Iglesia.
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Se unge a los enfermos
o ancianos con el óleo santificado por la bendición de Dios.
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(En la frente) “Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el
Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén”
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(En las manos) “Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación, y te
conforte en la enfermedad. Amén.”
a)
La unión del enfermo
a la pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia.
b)
El consuelo, la paz y
el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la
vejez.
c)
El perdón de los
pecados si el enfermo no ha podido confesarse.
d)
El restablecimiento de
la salud corporal, si conviene a la salud espiritual.
e)
La preparación para
el encuentro con Dios en la Vida Eterna en caso de que se fallezca.
Cuando
Jesús curaba, tenía en cuenta la fe de la gente (Lc.
4,40), también lo hacía para recordarnos el Reino de Dios (Mt.
11,2-6), y además siempre ponía como condición el pedir perdón por los
pecados (Mt. 18,8-9).
El que
“CURA” siempre es Cristo. Nadie es por sí solo un “curador”, un
“milagrero” o un “sanador”. Esta gente engaña al pueblo y mal
interpreta el modo de actuar de Jesús.
Jesús
no curó todos los enfermos de su época. Tampoco lo hace hoy. Jesús
le da sentido al sufrimiento y a la muerte. Nos acompaña y nos robustece para
que podamos vivir como Él sin desalentarnos, ni impacientarnos; y así alcanzar
la Vida Eterna. Nos hace caminar en la Esperanza.
Los enfermos graves (antes de pasar de este mundo a la Vida Eterna), reciben la Eucaristía, el Pan de la Vida Eterna.
La
Comunión al enfermo se llama “Viático”, porque el cuerpo de Cristo es su
alimento en el camino hacia la eternidad.
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El cristiano se
diferencia del que no tiene Fe o no la practica, por muchas cosas: una muy
importante es en la manera de encarar la muerte.
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La muerte es el paso a
la Vida Definitiva: es el principio de la NUEVA VIDA que comenzó en nosotros el
SACRAMENTO DEL BAUTISMO.
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La victoria de Cristo
resucitado lleva, al que cree en Él, a vivir siempre en la esperanza de
triunfar con Él y por eso a morir en paz.
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Monseñor Fernando C. Maletti
Obispo
de S. C. de Bariloche