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Homilía en la Peregrinación Diocesana a la Gruta de la
Virgen de
las Nieves + Fernando Carlos Maletti Obispo de San Carlos Bariloche Río Negro |
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Queridos Hermanos y Hermanas:
Estamos celebrando nuestra Fiesta Patronal. El Patrono es el Santo Titular de una Iglesia, de un pueblo. El Patrono es el defensor, el protector.
La Virgen de las Nieves es nuestra defensora y protectora de San Carlos de Bariloche y sus barrios, de El Bolsón y su zona de influencia, de la Línea Sur con sus pueblos, parajes y lugares rurales.
Ella es la que nos cuida, la que nos protege, la que nos ampara, nos ayuda. No solamente en las circunstancias extraordinarias, sino en todos los momentos de nuestra vida.
Nuestra Señora de las Nieves es la Patrona de nuestra querida Diócesis.
Hoy, en su día, queremos pedirle por todo el Pueblo de Dios. Por los Sacerdotes y diáconos, por las consagradas y los consagrados, por los fieles laicos, todos los niños, los jóvenes, las familias, los ancianos, los enfermos. Le pedimos por nuestros seminaristas y por las vocaciones Sacerdotales y religiosas. También por los que no creen o han perdido la Fe.
Le pedimos en especial para que en este tiempo de preparación a la Vº Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Mayo de 2007, todos crezcamos en la identidad y la vocación de ser auténticos “discípulos” de Jesús y fervientes “misioneros” del anuncio de la Buena Noticia del Reino.
En este sentido pido a todos que se sumen al anhelo de este Obispo de hacer más planificada, orgánica y eficaz nuestra acción Pastoral común, en todo el ámbito de la Diócesis y así, llevar adelante la Nueva Evangelización.
Como lema de esta Peregrinación 2006 decimos:
“María de Nazareth; necesitamos, agua, tierra y vivienda para todos”
El agua: signo del Bautismo y de la Nueva Vida, llamada a ser un don de Dios para todos, y no el eje de una competencia desigual entre poderes que, de hecho, van dejando sin derechos ni leyes a los numerosos pueblos de la tierra, que no pueden subsistir sin ella.
La tierra: signo de la Creación amorosa de Dios Padre, ámbito Bíblico donde todos nos encontramos cuando el dominio del ser humano es sustentable y equilibrado, y no como meta desbocada del apetito de los poderosos conocidos o anónimos que hacen de la tierra urbana, la tierra rural y la tierra indígena, un negocio vil de apropiación y explotación irracional que excluye el fin Divino de que la “tierra es un Don de Dios para todos”.
La vivienda: anticipo de la “Casa” que el Señor nos tiene preparada en el Cielo, lugar de encuentro de Familia y no un lujo inalcanzable por obra y gracia de las escasas o nulas posibilidades laborales y remunerativas de muchísima gente joven o no tan joven; y por impedimento de las salvajes leyes del mercado.
El Bautismo, la Creación, el Cielo: sean siempre el ámbito de nuestro reclamo, por eso repitamos, “María de Nazareth, necesitamos agua, tierra y vivienda para todos”.
La Palabra de Dios de este fin de semana del “XXXº Domingo durante el año”, nos lleva a la certeza de que “es el Señor el que salva a su Pueblo” (Jer 31, 7-9), a través de un hecho histórico, tomado de la vida concreta, el profeta anuncia la Nueva Alianza, es decir, que el Buen Dios consuela a su Pueblo.
En el Evangelio (Mc. 10,46-52), la curación del ciego de Jericó pone de relieve la compasión de Jesús. El “padece – con” cada uno de nosotros, muchas veces ciegos en el cuerpo y en el alma. Ojalá Él abra nuestros ojos y nos cure abriéndonos a una vida tan digna que nunca se cierre al camino de la Fe.
Esa apertura de Dios hacia nosotros se dá muy bien en el corazón de su Madre, abierto para que experimentemos que nada ni nadie nos podrá separar jamás del Amor de Dios.
Por eso, en este día, además de tantas súplicas y acción de gracias de todos nosotros, le encomendamos a la Virgen de las Nieves, nuestra Diócesis, nuestra Provincia y el País.
Conversando en estos días con mucha gente de las diferentes comunidades; y también, buscando ideas para esta homilía con el Sacerdote y los laicos responsables de organizar esta Peregrinación, quiero presentarle a la Madre de Nazareth algunas realidades que ocupan nuestra oración.
Como Obispo de todos, junto a mis Sacerdotes, así le quiero hablar a María de las Nieves:
Te presentamos, Madre, la vida humana que es inviolable, Dios, que es Familia, nos creó a su imagen y semejanza. Nuestra identidad está en que Dios es Padre y nosotros sus hijos. Es muy lamentable que el primer derecho humano, el derecho a la vida, no se respeta, desde la concepción hasta la muerte natural; y esto, fruto de una mala entendida globalización, y el esclavizante colonialismo cultural que traduce a los países pobres en probetas de ensayos.
Te presentamos, Madre la convicción de que en el principio de la vida social está Dios y, lamentablemente, desde hace un tiempo, nuestra sociedad se ha hecho más despareja y existen en ella, grandes y graves desigualdades. Las diferencias sociales, económicas, y culturales, son cada vez mayores. Se ha venido dando un proceso de fragmentación de la estructura social.
Es triste, querida Mamá de las Nieves, que los pobres no tengan una vida digna. Además, hay “excluidos”, y está el dolor de “quedar afuera”. Fuera del sistema imperante, fuera de indispensables necesidades de educación, de trabajo, vivienda, tierra, salud, fuera de lo que significa vivir con dignidad.
Nos duele, Madre, que haya gente que quede al margen de la vida de la sociedad. Hermanas y hermanos que están en las “periferias” de nuestra ciudad, pero también en las “periferias” de los derechos, la justicia, las decisiones; en la periferia de la dignidad.
Te pedimos, María de Nazareth, que muevas los corazones de todos los que tenemos poder de decisión para que los problemas sociales no se resuelvan con clientelismo, sino con educación, trabajo, remuneración justa, etc…. tanto en los parajes rurales, como en los pueblos y las ciudades.
¡Madre!, la solidaridad es una virtud eminentemente cristiana. Es una exigencia de la fraternidad humana. Debemos ser necesariamente solidarios. Jesús lo dice: “en la medida que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, (Mateo 25,40).
Por eso Madre, enséñanos a compartir, a estar atentos como vos, para descubrir lo que el hermano necesita.
Enséñanos a no limitarnos a socorrer al prójimo en su necesidad material, sino también, a que -como católicos- valoremos la dimensión social de la Fe. No es Fe verdadera cuando la Religión se reduce al ámbito privado y personal.
Enséñanos también a acercarnos, como Vos lo hacías, a quienes necesitan la luz de la Fe; que invitemos a todos a creer y a confiar en Jesús. No es Fe verdadera cuando la Religión del creyente no es Misionera o no contagia la fuerza del creer, o no se vive en comunidad.
Hermanas y Hermanos: que Nuestra Señora de las Nieves interceda por nuestra Diócesis Rionegrina y Patagónica. Que a todos nos alcance la gracia de compartir nuestra Fe como servidores de los hermanos y testigos de Cristo Resucitado. Amén.
+ Fernando Carlos Maletti
Obispo de San Carlos de Bariloche
Río Negro