Ceferino y la Religiosidad Popular

 

 

+ Fernando Carlos Maletti

Obispo de San Carlos Bariloche

Río Negro

   1.- Mis experiencias en Chimpay, la cuna de Ceferino:

 

Hace décadas (y esto va creciendo) que el Venerable Ceferino Namuncurá es una persona con quién, cada vez más, muchísima gente, se siente muy identificada. La cercanía espiritual de multitudes con nuestro querido Ceferino hace que crezca constantemente su espontánea convocatoria.

 

No desde la propaganda o el marketing, sino desde cada corazón  que anhela lo que dá sentido, lo que vale realmente, lo que alimenta el horizonte sano, es lo que constata nuestro pueblo en este joven, en el que se aplican las “felicidades cristianas” del Evangelio (San Lucas 6,17. 20-26).

 

Hace algunos años (en Agosto de 1998) fui invitado por el entonces Obispo de Viedma (Marcelo Melani) a participar en Chimpay (Río Negro) de la fiesta grande de Ceferino Namuncurá en el lugar indicado como la “Cuna de Ceferino” donde nació este hombre al que la gente de bien venera como “profundamente mapuche y profundamente cristiano”. Realmente quedé admirado de la Fiesta., expresión de la Vida que se hace Liturgia.

 

Allí ví el “fenómeno” Chimpay identificándolo como el gran Santuario Ecológico. “Santuario” es un lugar en el que Dios y su Pueblo han elegido para encontrarse. Sin límites ni fronteras. Se expresa allí naturalmente, la hondura profunda del corazón de cada peregrino. Dios nos encuentra como Pueblo, casi sin intermediaciones.

 

Advertí con alegría que todo lo que se organiza significa acompañar al Pueblo en sus múltiples y variadas expresiones.

 

Así viví en esos días la Fiesta:

 

Fiesta porque en Chimpay se celebra la vida…

Fiesta porque la gente se auto convoca para estar cerca de un modelo de vida ceferiniano…

Fiesta porque hay Bautismo, Reconciliación y Eucaristía.

Fiesta porque la Palabra de Dios es el centro…

Fiesta porque llegan pacientes, conocidos y amigos de muchos rincones de la Patagonia y el país…

Fiesta porque en Chimpay no hay diferencias: todos tienen cabida…

Fiesta porque, como en toda Fiesta, se vive lo diferente, se siente lo no habitual, se expresa el desborde que personaliza…

Fiesta porque están todos invitados, y participando, nos sentimos distintos e iguales…

 

Desde que tengo el honor de cumplir mi servicio Pastoral en la siempre novedosa Región Patagónica no he dejado de estar en Chimpay el último fin de semana de Agosto de cada año. Mucha gente de las iglesias particulares de la Patagonia es recibida con calor y amor de amigos por la Diócesis de Viedma. Son momentos de encuentro y reflexión. Se comparte lo extraordinario en la recíproca búsqueda de Dios a su Pueblo y de la gente a su Padre.

 

2.- Ceferino y la Religiosidad Popular:

 

Como Iglesia Católica es imperioso un encuentro cultural profundo entre los agentes pastorales (Obispos, Sacerdotes, catequistas, misioneros, animadores, etc…), y el pueblo sencillo.

 

En la medida en que más valoricemos el catolicismo popular, más se podrá asumir permanentemente las modalidades devocionales de mucha gente. En especial, los dirigentes de la Iglesia tendremos más fecundidad pastoral cuando reconozcamos como válido el estilo religioso de la gente sencilla, particularmente los que viven en los barrios pobres de nuestras ciudades, los indígenas y los campesinos.

 

En esto el Venerable Ceferino Namuncurá hace escuela y, por ofrecer un ejemplo, ratifica lo que hace 20 años se expresaba: “Tengamos en cuenta a los dueños primitivos de nuestro suelo, a la gente de la tierra, los mapuches…”

 

“… es tarea impostergable para nuestra Iglesia valorar su patrimonio y ayudarles a defenderse, darles el lugar de privilegio que les corresponde. Digamos lo mismo acerca de sus numerosos descendientes que pueblan los barrios marginales de nuestras ciudades, desarraigadas de sus costumbres y de su terruño“ (Exort. Post-Sinodal,  Viedma 1985-2005)

 

Cada año, gracias a Ceferino, se nos lleva a una dignísima experiencia visible de una comunidad eclesial en la cual nos encontramos juntos (re-unidos), en un mismo tiempo y lugar, pastores, pequeñas comunidades, gente militante u ocasional, etc… en una misma multitud de creyentes. Esto, de por sí, ya es anuncio de un Evangelio, que es salvación para todos.

 

Ceferino en Chimpay (Río Negro), en San Ignacio (Neuquén), en Fortín Mercedes (Prov. de Buenos Aires), o en cualquier capilla o ermita, nos brinda un modo popular de inserción eclesial. Las peregrinaciones con todo su contenido de fiesta y sacrificio, de sufrimiento y de esperanza hacen que nos sintamos también parte de una Iglesia “Católica”, de todos y para todos.

 

Podemos afirmar que, por ejemplo, en la Fiesta Grande de Chimpay, Ceferino es parte de esa Iglesia Madre que recibe a pecadores, marginados, enfermos, inconstantes, recargados de trabajo o desocupados, desarraigados, angustiados y oscilantes. Todos estamos en el Santuario, como lugar de inclusión. Luego vendrá la tarea de la constancia en la comunidad eclesial.

 

 

3.- Desafío Pastoral “Para ser útil  a nuestra gente”:

 

Asumir como Iglesia Patagónica el desafío que brinda nuestro Venerable, es aprovechar la oportunidad para recrear las tres acciones destacadas que los Obispos argentinos señalábamos como el camino Pastoral para los primeros años del siglo XX (N.M.A., cap. V)

 

a)      Hacer de la Iglesia Casa y Escuela de oración

b)     Acompañar a todos los bautizados hacia el pleno conocimiento de JesuCristo.

c)      Ser Iglesia servidora para una sociedad responsable y justa.

 

Es un hecho que los peregrinos de Ceferino son todos miembros de una Iglesia en marcha y peregrina, y forman parte de la comunidad. Llegan a su imagen motivados por la Fe, abiertos y receptivos, sencillos y agradecidos, y buscando, desde la amistad con el indio Namuncurá, la relación con Dios Padre.

 

Por ello los Devotos del Santo buscan ser recibidos con ánimo, ser tratados con tolerancia, experimentar un lugar afectivo preferencial, y ser animados, desde nuestro servicio, a ser servidores de los demás.

 

El amigo Ceferino llama a que, como Comunidad Eclesial, se valore la pastoral de grandes grupos, para amar más y mejor a la gente y a los pueblos, y para asumir un modo nuevo de ser Iglesia.

 

Este año Centenario de Ceferino (+1905-2005), coincide con el Año de la Eucaristía propuesto por el recordado Juan Pablo II. “Nuestras vidas     deben ser totalmente eucarísticas”. “Debemos pensar en los más pobres de la tierra quienes, en este mundo globalizado, tienen tan poca esperanza…” (Iglesia y Eucaristía Nº20).

 

La Devoción a María Auxiliadora del lirio de las pampas, dá sentido y estimulo para que se cumpla en nuestra pueblo la Palabra de un Dios que es Amor.